Desde hace un tiempo me parece importante en el trabajo algo a tener en cuenta que es el ver a la persona como un todo y de esta manera no atender solo al pulmón (en mi caso) sino valorar también el estilo de vida, la alimentación, el sueño, el estrés…

Y algo que estaba pasando por alto es que, la manera que tengo de trabajar, es creyendo que tengo la función de solucionadora de problemas.

Trabajar con ese instinto de “algo va mal y lo tengo que solucionar”.

Así, me lleva a transmitirle a la persona que lo que cuenta, el síntoma, o un resultado que está alterado es un problema y tiene que desaparecer.

Con esto veo que no pongo el foco en aspectos tan fundamentales como la comunicación con el paciente. El preguntarle cómo cree que ha llegado a ese punto, o que está dispuesto a cambiar.  Directamente busco el resultado de que eso se arregle, bien sea tomando una pastilla o cambiando un hábito.

Y una cualidad en la que pocas veces ponemos el foco es la intuición.

Puedo poner la atención únicamente en lo que el paciente cuenta, pero muchas veces al hacer la exploración u otras preguntas la respuesta no está allí, habitualmente el síntoma es solo la punta del iceberg. Podemos percibir también una diferencia entre la forma que la persona tiene de expresar, desde la relativización o negación, o la confusión de que lo que le pasa es algo grave y puede ser un sintoma de curación.

 

Es decir, hacer caso también a la intuición interna, a eso que sabemos aunque no lo podamos justificar solo con las pruebas diagnósticas.

Y de cara al paciente, yo veo que en este tiempo he buscado (y así lo compartía en la consulta) mucha información, sobre alimentación, ejercicios de respiración, u otros hábitos. Y eso puede ser útil. Pero es fundamental dar espacio que la persona desarrolle el conocimiento de qué es lo que le ayuda y lo que no, que lo llegue a integrar con la práctica y la escucha constante a su cuerpo, no solo por lo que le dice otra persona.

Al hacer cambios desde el instinto, veo que las acciones son más bruscas, tomar una dosis de medicamento alta, hacer una acción radical, buscan un resultado rápido, y se atiende solo una pequeña parte, la más visible. De esta manera la persona se acostumbra a cumplir una serie de recomendaciones y también es más fácil generar dependencia.

Desde la intuición se permite un cambio más natural, ya que es desde lo que va sintiendo en cada momento, es más progresivo y más fácil de integrar a largo plazo. La persona puede sentir la confianza de adaptar sus hábitos del día a día a lo que su cuerpo necesita.

En la Medicina buscamos habitualmente una acción que se note, y cuanto antes mejor, pero así se impide acompañar al cuerpo en el proceso de sanación natural.

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