Voy a compartir una escena repetida en la consulta.
Entran el paciente y su acompañante. Generalmente es su pareja, o un familiar.
Hay pacientes que, consciente o inconscientemente se ponen en el lado de menos visibilidad para el médico.
Con las primeras preguntas que suelo hacer, en relación a los antecedentes personales, hábitos, tratamiento que llevan, el paciente mira a su acompañante, esperando que responda, o buscando su aprobación en cada pregunta.
Me parece interesante ver quién de los dos habla más, o quién tiene más iniciativa para hacerlo.
Muchos son los que han delegado en la otra persona el conocimiento sobre las próximas citas, la lista de los medicamentos, o el saber por qué lo toman… Una frase muy escuchada también es: “vengo con él porque, si no, no se entera”.
Siguiendo con ese patrón, cuando doy las recomendaciones para el motivo de consulta, también es frecuente escuchar por parte del acompañante: “si ya sabía yo”, “te lo dije”, “a ver si a ella le haces caso”.
Yo, en ese momento, visualizo un sketch como los de Escenas de matrimonio.
Para mí, la función de un acompañante es precisamente eso, compañía, apoyo, compartir opinión, la complicidad ante una situación como la consulta médica, que genera muchas veces nervios y dudas.
Pero, para que esa consulta tenga sentido, es el paciente el responsable de conocer su proceso, sus síntomas, exponer los miedos y preguntas. Por eso, cuando veo que quien lleva la voz cantante es el acompañante, me sale animar a que, sobre todo, se exprese el paciente.
Si delegas todo eso en otra persona, ¿Cuánto estás dispuesto a escuchar? ¿Has observado realmente lo que tu cuerpo está sintiendo?
¿Cuánto estás abierto a hacer lo que se proponga en esa consulta? ¿Te vas a cuestionar lo que el médico te diga, o lo creerás y cumplirás a rajatabla?
Puede ser muy útil lo que te propongan en la consulta, pero es importante entenderlo y cuestionarlo, e involucrarte en un acto que tiene que ver con tu propia SALUD.
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