Algo de lo que surge hablar con mucha frecuencia en una consulta de Neumología es el tabaco.  Porque es una asociación muy directa: pulmones-fumar.

Cuando una persona se plantea dejar de fumar, decimos que hay varias fases en función de la intención que tenga. La fase de precontemplación, contemplación, preparación, etc…

Me enfrento muchas veces a la pregunta de qué decirles a los pacientes para ayudarles en su decisión.

Identifico en mí patrones parecidos a los que veo con el tabaco, como por ejemplo con la comida o con el deporte.

El tabaco, tiene, entre otras cosas y demostrado hasta la saciedad, los efectos negativos para la salud. Con esto, algo que me parece interesante es ver cómo un mismo hábito puede afectar de forma tan distinta con independencia de cuanto se consuma, ósea, no siempre la misma cantidad de tabaco afecta lo mismo a cada uno. 

Y le acompaña también algo que me parece desgastante, y así lo transmiten muchas personas que fuman que es el fumar sin querer fumar.

Saben que es malo, que no les sienta bien, que en un momento lo tendrán que dejar.

Es decir, al ponerle esa carga negativa al tabaco, muchas personas fuman con “sentimientos encontrados”. Fuman, pero lo dejan a mitad, pero quieren fumar otra calada, lo vuelven a dejar. Fuman rápido, solo un momento, hasta que ese momento de nerviosismo, angustia, mono se pase.

Entonces, ¿realmente quieren fumar?

Párate, sé consciente mientras fumas, no hagas nada más, observa cómo le sienta a tu cuerpo, haz únicamente eso, y así tendrás más claridad de cómo te relacionas con el tabaco.

Y, por otro lado, a la hora de querer cambiar un hábito del que te crees adicto, creamos una expectativa muy grande, y una duda de si vamos a ser capaces, y eso a veces nos resulta insoportable.

Y la manera que tenemos de salir de esa lucha mental, que es como si estuviéramos a prueba continuamente, es abandonar ese intento en vez de permanecer en él.

Realmente, el hacer ese cambio ya es la oportunidad de conocerte en él, el probar cómo te puedes ayudar a ti mismo. No tratar cada intento como fracaso si no se consigue con la rapidez con la que te gustaría.

¿Y si lo que llamamos recaída es parte del camino?

¿Si en vez de ponerle la palabra fracaso lo tratamos como un aprendizaje más?

La capacidad de cambio claro que está, y el intento es la posibilidad que te das para descubrir cómo desarrollarla.

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