Cada día de consulta, cuando abro el listado de pacientes, los datos relativos a cada uno que aparecen en esa lista son el nombre y la edad.

Sé que la edad me lleva a una idea, una idea de qué es lo esperado o lo normal para su edad. El aspecto físico, los antecedentes médicos, etc…

Realmente, este pensamiento de qué toca a esta edad, es extensible a todos los ámbitos.

Y así me surgían así muchas frases que muestran creencias de la relación entre edad y salud.

Bueno, ya se sabe, uno se va haciendo mayor, justificación o relativización de ciertos síntomas o patologías.

Uy, qué bien o qué mal se “conserva”, basado en comparaciones con otros coetáneos.

Soy muy joven para que esto me pase, poniendo atención solo en la edad, y no en otros factores que pueden estar causando eso.

Quiero dejar de fumar porque ya tengo una edad, creer que a esa edad (¿en qué se basa?) sí constituye un riesgo (¿y antes no?)

Total, con la edad que tengo, derrotismo de ya solo puede ir a peor.

Pero esto antes no me pasaba y ya… (comía esto/trabajaba con estrés/ fumaba).

En este sentido, cuando el cuerpo manifiesta síntomas o alteraciones, no tiene que ver tanto con la edad y sí con el acúmulo en el cuerpo de un hábito dañino.

¿Entonces, ese número es el criterio en el que nos basamos para determinar la salud de una persona? ¿O para plantearnos algún cambio?

El estilo de vida que tenemos influye continuamente, y también así se manifiesta cualquier cambio que vaya a favor de la salud.

Simplemente el punto de partida es diferente en función de cuándo lo hagas.

“Cuanto más amor (te) das, mejor estás”.

Deja un comentario