En esta entrada, voy a hablar sobre lo que simboliza la receta.
Es habitual que en una consulta médica, te receten un medicamento.
Puede ser por los síntomas que el paciente tiene (dolor, bronquitis, insomnio…), por el resultado alterado de una prueba como una analítica, etc…
Desde el punto de vista del que lo recibe, esto puede generar muchas preguntas que, si no se formulan y no son contestadas, termina generando otras muchas ideas de lo que le pasa y lo que le pasará.
El paciente, al recibir la receta, puede quedarse con la idea de que tiene una enfermedad (e identificarse con ella), que es algo crónico, de que ya va a depender de ese fármaco y de un médico para que se la prescriba y le haga un seguimiento.
Un ejemplo es cuando el paciente se va a hacer un chequeo y se ve que tiene alto el colesterol alto, la tensión, el azúcar…Además, con el uso tan generalizado de fármacos que hay presente en la sociedad, hemos normalizado que a cierta edad, empieces a tomar una medicación.
Si te recetan un fármaco y no tienes ningún síntoma, la buena noticia es que si una prueba te ha salido alterada (como un análisis), te puedes plantear cambiar hábitos, también observar si notas algún síntoma, en qué crees que tu estilo de vida puede mejorar.
Si no, desde mi punto de vista, ahí empieza también otra idea que es la de: me tomo este fármaco y ya estaré bien, problema solucionado. Solo tengo que ir a la farmacia una vez al mes, revisiones de vez en cuando y tomar la pastilla a diario.
¿Prefieres mantener tus rutinas y tomar una medicación? ¿No te crees capaz de mejorar esa alteración en las pruebas? ¿Banalizas el uso de fármacos?
Además, hablamos y preguntamos poco sobre los efectos secundarios de una medicación, tanto a corto como a largo plazo. Es habitual ir engordando el listado de recetas conforme más fármacos tomas y esto en parte tiene que ver con esos efectos secundarios, ya que estás tomando una sustancia artificial, manteniendo lo que hacías anteriormente.
¿Le das más poder a un fármaco que a tu fuerza de voluntad?
Otra situación es cuando el paciente demanda una medicación para parchear un síntoma (parchear, no curar).
Antes de hacerlo, pregúntate para qué quieres esa receta. ¿Qué es el fármaco, un parche? ¿Pones consciencia a lo que te metes al cuerpo?. ¿Buscas que se solucione rápido el síntoma? Porque, al buscar eso, se produce la pérdida de oportunidad de que pienses qué te ha llevado a eso y qué es lo que tu cuerpo necesita. Así vas a tapar una situación, que, mantenida en el tiempo, saldrá por otro lado.
Si te recetan un fármaco es necesario que sepas para qué sirve, con qué objetivo se pone, si es la única solución para ese síntoma o «problema», durante cuánto tiempo, posibles efectos secundarios…
Si no damos espacio a esa comunicación perpetuamos ideas, falsas creencias y mitos sobre que la enfermedad depende del azar o la mala suerte.
Mi intención no es demonizar los fármacos, y sí transmitir la importancia que tienen. No lo tomes a la ligera, no lo recetes a la ligera.
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